martes, octubre 04, 2005

La actividad de los desplazados políticos rumanos en el exilio







No soy yo el autor del articulo , pero me parecio muy interesante , y vale la pena leerlo . E.D.G



La actividad de los desplazados políticos rumanos en el exilio Por Silvia MarcuProfesora de Geopolítica y Relaciones Internacionales, Rumanía

Introducción

El artículo se propone presentar la actividad de los exiliados políticos rumanos en Europa,
en España. No es una investigación exhaustiva, pero sí, es el resultado de una acumulación de datos, tras la consulta de una amplia bibliografía y de los informes encontrados en los archivos SRI (Servicio Rumano de Informaciones). La realización de un trabajo de esta índole es bien difícil, porque para llegar a investigar la actividad de los exiliados se impone saber el porqué del exilio. En el caso que nos ocupa, la historia del exilio espera que aún que sea escrita. Si bien es cierto que a lo largo del tiempo se publicaron una serie de trabajos, sobre todo de memorias, falta aún una perspectiva, una síntesis sobre la inmigración rumana en su conjunto.
Apuntamos desde el principio que toda la información que encontramos, hasta la actualidad en Bucarest, resultó dispersa, muchas veces, ambigua o manipulada por los intereses momentáneos de la Seguridad rumana.
Lo que vamos a exponer a continuación es, en cierto modo, más allá de los destinos desgarrados de los desplazados políticos, el modo en el cual, la policía política paralizó las relaciones de Rumania con su diáspora. Es éste uno de los capítulos más tristes y sombríos de la historia contemporánea rumana. La Securitate decidió “hacer todo” para que los desplazados rumanos por el mundo abandonaran su país con recuerdos desagradables. Y sobre todo, continuó hasta bien comenzada la década de los noventa, siguiéndolos más allá de las fronteras, metódicamente, con unas fuerzas inauditas. ¿Cómo podríamos calcular las energías que perdió Rumania bajo dos dictaduras en medio siglo, y las consecuencias de esta tragedia?
Décadas seguidas, los desplazamientos rumanos constituyeron un tema tabú. Hoy, ya no podemos decir lo mismo. Pero como suele ocurrir cuando nos acercamos a la historia reciente, la dimensión de los hechos a veces nos sorprende. Lo que podemos hacer, además de investigar, es esperar que el paso de la sorpresa a la verdadera realidad se realice lo antes posible.
Marco político y características de los desplazamientos rumanos. Formación del exilio
El exilio político rumano – tiene una antigua tradición en Rumania. El primer exilio, el de 1848 formó prácticamente el Estado moderno rumano. La nación rumana nació en el exilio, más exactamente en París, allí donde se izó por primera vez, al mismo tiempo con la Revolución de febrero de 1848, en Francia, la bandera nacional rumana. El segundo exilio, el más importante, empezó cuando se instauraron las dictaduras, en 1938 y, más concretamente, en septiembre de 1940, cuando se instaló el gobierno legionario de Antonescu. Para el periodo legionario, los historiadores rumanos (Niculescu, 2003) hablan del complejo periodo de “las tres dictaduras”, comprendidas entre 1938-1944:
La dictadura de Carol II (11 de febrero de 1938 – 5 de septiembre de 1940). El gobierno Antonescu-Sima (6 de septiembre 1940- 24 de enero de 1941) El régimen militar “puro” de Antonescu, hasta 23 de agosto de 1944. Una importante etapa del exilio es la de antes de la Segunda Guerra Mundial, debido a la aproximación de Rumania a Alemania. Especialmente, emigran los políticos y los intelectuales.
En los primeros años de después de 1941, los desplazamientos representan pérdidas considerables para Rumania. Se trata sobre todo de gente joven y muy joven, muchos de ellos iniciados en ámbitos de elite. Por lo general, emigraron numerosas personas que tenían una preparación intelectual y profesional por encima de la media general. Además, se trataba de personas valientes, pues no cualquiera tiene la capacidad anímica de coger el destino en sus propias manos y de lanzarse al desconocido. ¿Qué puede resultar más elocuente que el hecho de que cientos de personas fueron admitidos sin problemas en las legiones extranjeras francesas y españolas, luchando posteriormente en Marruecos, Argelia o Indochina?
No obstante, fue el comunismo el único totalitarismo verdadero, puesto que durante más de 40 años, lo controló todo, empezando con la economía, el motor de la sociedad, acabando con la vida privada de la población rumana.
El exilio anticomunista (del periodo 1945/1948-1989) se formó, pues, como consecuencia de la brutal intromisión de la Unión Soviética en Rumania, comenzando con los primeros meses que siguieron después de la salida del país de la alianza con Alemania contra la URSS en la Segunda Guerra Mundial. Esta intromisión soviética llevó a la pérdida de respeto de los derechos humanos y a la instauración del “terror rojo” en Rumania, que en algunos años se transformó en una colonia de la Rusia Soviética, teniendo como sistema de gobierno la dictadura totalitaria de tipo policíaca.
Algunos ciudadanos rumanos se desplazaron y llegaron al mundo libre después de 1944. Los que se quedaron animaron la resistencia contra el comunismo. Muchas personas murieron en cárceles, campos de concentración o como consecuencia de los sufrimientos padecidos.
El exilio político anticomunista encontró en el mundo libre los grupos de refugiados ya señalados, como los diplomáticos rumanos refugiados en Europa incluso desde 1940, después de la abdicación del rey Carol II, algunos cientos de legionarios huidos como consecuencia de las persecuciones del régimen de Antonescu después de la rebelión del 21-23 de enero de 1941, diplomáticos que se quedaron en Europa, rechazando regresar a una Rumania ya comunista, militares antiguos prisioneros de los alemanes y otros.
El número de estos rumanos desplazados anticomunistas aumentó a lo largo de los años, en el periodo de Gh. Gh. Dej, a través del paso clandestino de las fronteras. Pero en general, hubo bien poca organización. Incluso en los primeros años, la vanidad, la ambición, los intereses de los exiliados, llevaron a discordias. El resultado fue que elementos de valor, como Grigore Gafencu, Mihail Farcasanu, Nicolae Caranfil, Alexandra Cretzianu, dejaron de formar parte del Comité Nacional Rumano, formado en Washington en marzo de 1949.
En 1955, se introdujo un cambio radical en la manera de actuar. Dos años después de la muerte de Stalin, se emitió un decreto mediante el cual, todos los desplazados eran invitados a volver a casa. Si no habían cometido crímenes, se les prometía olvidar su pasado. Pero como muy pocos desplazados aceptaron volver, se reactivó el aparato de represión y de persecución general de la Seguridad que se encargó de alejar (mediante sus acciones incoherentes siguiendo las indicaciones del régimen político) la diáspora rumana de su país.
Es importante señalar que una de las consecuencias más dramáticas de este proceso fue el aislamiento de los desplazados políticos, siendo Rumania el único país del área que no pudo tener relaciones, ni contar con sus refugiados. Ni siquiera las autoridades de Moscú llegaron tan lejos en sus intentos de perseguir y odiar a sus ciudadanos establecidos en el extranjero. De hecho, la situación tampoco mejoró a lo largo del tiempo, puesto que en la actualidad, a pesar de que el Estado intenta organizar varios comités e instituciones para la memoria de los refugiados y de la historia, la población emigrante sigue siendo un colectivo marginado.
Después de 1970, la emigración rumana conoció un ritmo muy alto, desconocido en toda la historia rumana. Los desplazamientos aumentaron, asimismo, por otras causas apolíticas: reagrupamiento familiar, estudios, tratamientos médicos, personas que se quedaron en el extranjero para vivir mejor (convertidos en desplazados económicos).
El régimen comunista de Rumania, el más cruel de los que hubo en el Este de Europa, cometió todo tipo de arbitrariedades, arrestos, abusos, persecuciones en el nombre de la “lucha de clase”, discriminaciones, confiscaciones o nacionalizaciones de propiedades, depuraciones de servicios, reparto forzado de inquilinos en el espacio locativo, la eliminación de los hijos de los desplazados de las universidades, el rechazo de contratarlos en puestos correspondientes a sus calificaciones y su contratación en trabajos inferiores, mal pagados y otras formas de persecución en el nombre de la lucha de clase.
En los años 70, apareció, asimismo, un nuevo término, el de “disidente”, tomado de los medios de comunicación occidentales, mediante el cual, el régimen de Ceausescu deseaba dar la impresión de que en Rumania y no existían opositores a su régimen, sino sólo descontentos por algunas situaciones y acciones. El disidente era considerado el individuo que estuvo inicialmente de acuerdo con el régimen político comunista, en algunos casos, incluso, perteneció al Partido Comunista, se benefició de las ventajas materiales de su pertenencia política, hasta un momento dado, cuando se encontró desaventajado en sus intereses o apartado, y entonces reaccionó. El disidente no atacaba al régimen comunista, ni su ideología, sino, en la mayoría de los casos, atacaba personas que, en su opinión se desviaban de la doctrina comunista. El ejemplo clásico lo constituye la “Carta de los Seis”, disidentes, todos antiguos miembros de los PCR (C. Pirvulescu, C.Raceanu, C.Manescu, Gh. Apostol, S.Brucan y Al. Birladeanu) que, cuando fueron marginados redactaron una carta, en la que no condenaron al régimen comunista, sino los abusos de Ceausescu. Su enemigo no era, por tanto, el régimen comunista, sino Ceausescu.
Además de los que accionaron por su propia iniciativa como disidentes, aparecieron también otras categorías, creadas por la Securitate, precisamente para comprometer las disidencias reales. Aprovechando el movimiento para los Derechos Humanos, que tomaron amplitud en el plan internacional en los años 70, así como el movimiento “Paul Goma”, la Seguridad empezó la “fabricación” de algunos disidentes, (infiltrados) que luego envió por toda Europa Occidental. De esta manera, como señalaremos a lo largo de este trabajo, la Seguridad rumana acordó pasaportes a algunas personas, algunas de naturaleza dudosa, que nunca se propusieron llegar a Occidente. De esta manera, sólo en España llegaron alrededor de 40 personas, algunos delincuentes, recién salidos de la cárcel, reincidentes peligrosos, con el fin de socavar la credibilidad de los desplazados y refugiados rumanos, y comprometer a las organizaciones rumanas en el exilio.
Y, mientras la mayor parte de los refugiados y desplazados llegaron a España, y en general al mundo libre, teniendo sólo escasas pertenencias, los infiltrados vinieron con toda la familia, con su coche, sus muebles, su biblioteca. Apuntamos que muchos infiltrados fabricados por la Securitate, después de los acontecimientos de diciembre de 1989 se convirtieron en los aliados de los nuevos servicios secretos rumanos.
El exilio verdadero, como veremos, está formado por los que abandonaron el país después de la guerra, forzados por la orgía comunista, con todo su cortejo de injusticias y persecuciones: éstos no olvidaron nunca y no pueden olvidar las causas por las que abandonaron a su país. Pues, lo quisieron, y fueron los enemigos del comunismo, de los comunistas, y no de Rumania. Los refugiados políticos verdaderos fueron y siguen siendo atentos observadores de la vida política de Rumania. Ellos tuvieron menos derechos al principio, pero se convirtieron en ciudadanos de los países dónde se afincaron, sin negar sus raíces, su lengua, sus costumbres, su pertenencia a Rumania. Nunca dejaron de manifestarse contra el comunismo, en todos los lugares donde el destino los envió.
Apuntamos que la opinión pública rumana estuvo desinformada durante todo el periodo comunista. La población supo sólo lo que el aparato de propaganda y manipulación de las masas de DIE, la Seguridad interior y el CC. Del PCR, que etiquetó a los del exilio consciente, anticomunista, como prófugos, traidores, enemigos del país al servicio del imperialismo americano, fascistas u otras invectivas, mientras que los verdaderos traidores, espías y agentes de Moscú, llegados a dirigir el país con el total apoyo soviético se identificaban a sí mismos con Rumania y con su historia.
La actividad de los exiliados rumanos en España. Comienzos
Tal como señalamos más arriba, en los años de la Segunda Guerra Mundial, se formó el exilio rumano antitotalitario. Este exilio provenía de una mayoría de antiguos miembros del personal diplomático y consular, hallados en el extranjero. Después del 23 de agosto de 1944, éstos se negaron a regresar, se quedaron y consolidaron el exilio, que se vuelve anticomunista, como una réplica al proceso de sovietización de Rumania (Marinescu, A., 2002).
Entre 1945-1955 abandonaron el país personalidades políticas y culturales, muchas veces, arriesgando su vida. España, junto a Francia fue uno de los países que recibió un número importante de ex - diplomáticos y políticos rumanos, si bien, el exilio legionario superó en número y organización al exilio anticomunista en este país. Por otro lado, la historia reciente del asilo en Europa se abre con la promulgación de la Convención de Ginebra de 1951, en plena posguerra. Como en los demás países, primero se produce la llegada de refugiados y más tarde, el derecho de asilo que queda reconocido por la Constitución Española
En 1946, no obstante, con la llegada del régimen totalitario, España rompió las relaciones diplomáticas con Rumania. Ya en 1947, interviene una separación entre los miembros del exilio rumano, al existir un grupo que deseaba tener como presidente al ex ministro, el general Nicolae Radescu, mientras que otro grupo deseaba que el presidente fuera Grigore Niculescu-Buzesti, que se consideraba el único representante legítimo del PNL y PNcampesino, dirigidos por Iuliu Maniu y Constantin Dinu Bratianu, respectivamente.
El 1947 se había terminado con la abdicación forzada del Rey Miguel, y en 1948 se registraron graves tensiones políticas. El número de los que abandonaban el país – políticos, intelectuales, estudiantes – había aumentado mucho y continuaba el aumento.
Será el mismo año, 1948, cuando aparece la necesidad de los rumanos de organizarse en el exilio. Si bien, fue París el corazón de dicha organización, conviene señalar el hecho de que los exiliados rumanos en España, también jugaron un papel importante. Había, sobre todo, intelectuales y estudiantes sin recursos.
Tras la abdicación del rey Miguel, oficiales de las misiones española y francesa en Bucarest tenían informaciones según las cuales, el ex monarca, que había evitado decidirse sobre los dos grupos rivales (liberal y campesino) habría invitado a sus jefes a la unión, proceso que tenía que culminar con la constitución de un Comité Nacional Rumano, formado por 10 miembros, representando los partidos históricos, pero también personalidades apolíticas (n. Radescu, Grigore Gafencu, Constantin Visoianu, Alexandra Cretianu, Nicolae Caranfil).
Documentos del Ministerio de Exteriores de estos países, del verano de 1948, hablan del mantenimiento de las rivalidades entre las dos agrupaciones, de las luchas bizantinas entre sí, y de la constitución en París de un comité representativo de los partidos históricos. Al mismo tiempo, los documentos informaban sobre el recibimiento en el Departamento del Estado del general Nicolae Radescu, que se encontró con Nickels, encargado por el Departamento con los problemas de la Europa Oriental y Norman Armour, ex embajador de EEUU en Madrid. En la reunión participaron también los exdiplomáticos Viorel Tilea y Carol Davila. (MAE, España, 1944-1949, Rumania, vol.18, f.37-38, 18 de marzo de 1948). A todos se les leyó una declaración según la cual, el gobierno americano, se disponía a colaborar con un potencial Comité Nacional Rumano, en especial en los programas del puesto de radio “La Voz de América”. La condición esencial de las autoridades americanas era que se pusiera fin a las opiniones divergentes.
Pero, debido a los conflictos inherentes a cualquier emigración fue difícil conseguir la creación de dicho comité. El mismo se creará el 10 de mayo de 1949, con la sede en Washington, y funcionó hasta 1 de mayo de 1975. Tuvo como presidente a Constantin Visoianu, que dimitió de dicho cargo en 1975. Hay que mencionar que las rivalidades entre los dos grupos del exilio rumano se debieron en primer lugar al papel nefasto que tuvo Grigore Niculescu-Buzesti. Después de su muerte (1949) las rivalidades del exilio rumano se disiparon, aunque nunca desaparecieron del todo. De hecho, el Comité fue una organización anémica desde su creación. Esto tiene su explicación:
En primer lugar, la posición política de EEUU, de coexistencia pacífica. En segundo lugar, como consecuencia de la nueva orientación de la política del Departamento del Estado, los fondos asignados a los Comités Nacionales – formas de gobiernos en el exilio – distribuidos mediante Free Europe Committee – disminuían cada año, comenzando con 1957, precisamente para que estos organismos y organizaciones – reliquias de la Guerra Fría – cesen sus actividades que estaban en contradicción con la línea política adoptada por los EEUU.
Entre las actividades utilizadas por Free Europe para recortar las subvenciones señalamos la petición de documentos que justificaran todos los gastos detallados, por capítulos: imprenta, distribución, salarios.
En 1948 se crea el Comité de Asistencia de Rumanos (con sede en París), pero tenía un delegado para España – George Antoniade-. Asimismo, en 1948 se crea la Unión Demócrata de los rumanos Libres (con sede en París), cuyo presidente fue primero Radescu y más tarde Gafencu. Esta organización tenía una publicación “El Boletín rumano de Informaciones” que se enviaba desde París a todos los centros existentes en Europa. En España, el encargado de prensa era Aron Cotrus, ex consejero de prensa de la Embajada rumana en Madrid. Junto al Boletín de Informaciones, se creó también un puesto de radio.
En el mismo periodo, se crea en la Haya en el Congreso presidido por Churchill, (8-10 de mayo de 1948) el Movimiento Europeo, un organismo europeo que reunía formaciones políticas, organizaciones no gubernamentales y gubernamentales, sindicatos y personas físicas que militaban por una Europa unida. Su fin era la unión de Europa. Entre los rumanos que formaban parte de dicho Movimiento, mencionamos a Grigore Gafencu, George Cioranescu (exiliados en España) que formaban también parte del Comité Rumano en el exilio (una especie de gobierno en el exilio). Ellos tuvieron contribuciones destacadas a los proyectos europeístas.
Actividad cultural
Si nos referimos a la actividad cultural lo primero que tenemos que señalar, es que fue alrededor de 1930 cuando empiezan a vislumbrarse las relaciones culturales entre Rumania y España.
En 1946 llegó a España Aurel Rauta, que fundaría posteriormente, la Asociación Hispano-Rumana. En 1948, Rauta publicó la primera “Gramática rumana para españoles”.
La actividad cultural fue muy importante en este periodo, dado que los exiliados rumanos que vivían en España se dedicaron plenamente a fomentar las relaciones culturales entre los dos países. Señalamos más arriba al poeta Aron Cotrus que llegó a España a finales de los años treinta como corresponsal de prensa para España y Portugal, hasta 1944. Cotrus dejó escrito al español una obra de singular belleza, que también tradujo al rumano, titulada Rapsodia Ibérica, con prólogo escrito por Camón Aznar (Ediciones Carpati, 1954): “Iberia, Iberia. Mensajero me envían de mi estirpe y el sol/los Cárpatos, el Danubio y los campos todos/ de ofrendas para ti me cargaron los carros”.
En 1951 se presentó un proyecto para la creación de una Comunidad de Rumanos en España – que pretendía estrechar vínculos entre los exiliados. Tenía como presidente a George Demetrescu – jefe del grupo legionario Guardia de Hierro. Más tarde, se integró en esta Comunidad, el Círculo Rumano para la Unión Latina, presidido por Aron Cotrus, agregado cultural de la legación rumana en España. Existía también la Asociación Rumana Pro-Besarabia y Bucovina. (Eiroa, M., 2001).
Pero la verdad es que en aquel periodo de estalinismo salvaje, la cultura rumana estaba prácticamente ausente en el Occidente. Las personas que se dedicaban a la cultura se encontraban en las cárceles, o, en el mejor de los casos estaban condenados al silencio. No obstante, se organizaban varios actos, como, por ejemplo, la Semana Rumana, celebrada en Madrid en abril de 1953, que contó con la presencia de Mircea Eliade en su conferencia inaugural.
Asimismo, los exiliados de la época contribuyeron a la enseñanza del rumano en las Universidades españolas. Señalamos a Alejandro Busuioceanu (Madrid), George Uscatescu (Barcelona) Chirila Popovici (Granada), Aurel Rauta (Salamanca), Alexandru Cioranescu (La Laguna). Entre 1942 y 1945 funcionó incluso un Instituto Rumano de Cultura en Madrid.
Producción intelectual.
En 1955 un Comunicado había anunciado que pronto tenía que comenzar la repatriación de los ciudadanos rumanos; el mismo comunicado decía que los que no regresarían en un plazo de seis meses, perdían su nacionalidad. Con la excepción de algunas pocas personas, los demás exiliados decidieron quedarse en España. Se había creado La Organización Internacional de los Refugiados (IRO). Cualquier exiliado podía entregar su pasaporte (si lo tenía) y firmar una declaración de renuncia a su ciudadanía. Entonces recibía una tarjeta de identidad y, en principio, se encontraba bajo la protección del país en el cual había elegido su residencia. Asimismo, la IRO ponía a disposición de los refugiados medios de transporte para los estados que los aceptaban, es decir, los países de América del Sur, Canadá y Australia.
Además, muchos refugiados pensaban que sus posibilidades de ganarse la vida en otros continentes se reducirían con el paso del tiempo. Ello explica el hecho de que la mayor parte de los rumanos emigraron a Argentina, a lo largo de 1948.
Muchos rumanos encontrados en España, huidos del país o que habían hecho parte de los servicios diplomáticos, consulares y económicos – decidieron irse cuanto antes a Argentina. Por un lado, el régimen de ese país favorecía la inmigración; por otro lado, la tensión entre la URSS y EEUU se había acentuado, con lo cual el riesgo parecía inminente.
Este periodo destaca por una gran producción intelectual, si bien, en su mayor parte, es la continuación de la actividad del exilio legionario. La prensa en el exilio reflejó en sus páginas la interpretación del Decreto de junio de 1955, concerniente a la repatriación, y que vamos a señalar. En grandes líneas atacó con violencia la campaña de desinformación de Bucarest, en relación con las realidades del país y de las acciones de engaño para que los refugiados se repatriaran.
En España, en la década de los 50 existían publicaciones importantes. Eran publicaciones legionarias. Al intentar mirar hacia atrás en cuanto a la prensa del exilio, lo que nos llama la atención es la irregularidad de aparición de las diversas gacetas o revistas. Algunas tuvieron mayor aparición, algunas menor, otras desaparecieron rápidamente. Las vicisitudes de la prensa legionaria del exilio reflejan la condición trágica del exiliado. Es difícil asegurar una larga duración de una publicación, cuando se trata de personas dispersas, en continuo movimiento.
Libertatea – “La libertad” – periódico legionario del exilio, que nace en Madrid a la iniciativa del Comandante, y que será conducido por Vasile Iasinschi. Del comité de redacción formaba parte el profesor Ion Protopopescu, Crisu Axente, Vladimir Petrovici, Aurel Rauta, Gheorghe Uscatescu y Ciril Popovici. Este periódico conoce un periodo de máxima actividad en 1952. A partir del otoño de 1953, la debilitación general de las posiciones del Movimiento legionario implica también el debilitamiento de la revista.
Asimismo, en el año 1953 sale en Buenos Aires la revista “Insemnari” (Apuntes), bajo la dirección de Radu Ghenea, antiguo ministro de Rumania en Madrid. La revista apareció con una impresionante regularidad un año entero, teniendo como colaboradores permanentes a Grigore Manoilescu, Mateescu, Frâncu, Toader Ioras, Emil Popa y Ovidio Gaina. “Apuntes” llamó la atención a todos los jefes de los desplazados, teniendo un alto nivel intelectual y una gran acogida. Cada número contenía una entrevista con una personalidad política de más allá del telón de acero. Cuando el director de la revista, Radu Ghenea, deja Argentina, “Apuntes” deja de aparecer.
La revista Carpatii (Los Cárpatos) fue otra importante aparición. Fue una revista cultural, de orientación legionaria. Se publicó en Madrid, de manera irregular, entre 1954-1962 y 1972-1989. Como subtítulo de reaparición: Revista de Cultura y acción rumana en el exilio. Director: Aron Cotrus, posteriormente, Traian Popescu y Nicolae Govora. Formato: 32X44 cm.
En el número 16, 1979, Govora afirmaba que la tirada era de 1000 ejemplares. En el artículo titulado “El sentido de nuestra Revista”, n-1 10 de mayo de 1954, p.14, que se dirige a los exiliados rumanos de España, pero también de Europa, EEUU y Canadá, se afirma: “Uno de los puntos principales del programa de nuestra revista es el de difundir, entre los rumanos desterrados, escritos literarios cercanas al alma de nuestro pueblo.” Además, se dirige a los potenciales colaboradores: “Se recibe la colaboración de cualquier rumano, pues la revista no pertenece a ningún partido político. (Florin Manolescu, Adevarul Cultural, 647).
El redactor de la revista, Traian Popescu, dedicó dos números al Movimiento Legionario, uno en 1958, con el motivo del cumplimiento a 20 años de la muerte del Capitán, y otro en 1962, en el número 2-3 de 10 de mayo-10 de julio, cuando se cumplieron 25 años de la caída en el frente de Majadahonda de los héroes Mota y Marín, muertos en 1937 durante la guerra civil española, en la participaron como voluntarios.
Mediante la riqueza del material documental publicado referido a los dos acontecimientos cruciales de la vida de la Legión y mediante los excepcionales artículos y colaboraciones, la revista “Carpatii” aportó una gran contribución a la historia legionaria. Los números conmemorativos de la revista “Carpatii”, como los aparecidos en “Dacia”, constituirán una fuente informativa e interpretativa importante para los historiadores del Movimiento. En el número 28 de 30 de noviembre de 1958 se conmemora a Cornel Zelea Codreanu y se publica una lista con los nombres de 215 legionarios asesinados en Rumania o en el extranjero. La lista se cierra con un poema homenaje escrito por Aron Cotrus.
Más tarde, inspirándose en la correspondencia entre Traian Popescu y Pamfil Seicaru, Victor Frunza afirmaba en su libro “El destino de un condenado a muerte, Pamfil Seicaru, 2001) que en los años 70, la revista había sido manipulada por la Securitate rumana. En las rúbricas tituladas “Gente, hechos, ideas”, Govora firma artículos polémicos en los cuales ataca al rey Miguel, a la revista “Anotimpuri” (Estaciones), acusada de apoliticismo, a Cioran y a Eliade porque habían aceptado la publicación de sus libros en la Rumania de Ceausescu. También se ataca a la “Asociación Cultural Rumana de España (Antoneta Bodicso, Mihail Fotin Enescu, Vintila Horia y Aurel Rauta, Uscatescu), a Brancusi, el escultor rumano que murió en París y al que se le considera en 1957 un desarraigado.
A finales de los 70 y comienzos de los 80 el revisionismo húngaro constituye asimismo el objeto de algunos artículos polémicos.
El número 30, agosto-sep-oct-nov de 1981 está dedicado a la memoria de Aron Cotrus. A lo largo de los 80 la revista publica las circulares de Horia Sima dirigidas a los legionarios del exilio. A finales de los 80 Traian Popescu firma un serial titulado “la epopeya legionaria”. Asimismo, Traian Popescu será el autor de un ciclo de artículos en los que se presentas en detalle las serias filatélicas especiales realizadas en el exilio por la Comunidad de Rumanos de España (desde 1955 hasta 1969: cerca de 50 emisiones). Otros artículos sobre el Movimiento Legionario los escriben Faust Bradescu: “Los tres elementos básicos de la organización legionaria” (número 5-6, 1977, p.12-16); Traian Popescu: “Respuesta al Señor Radu Cornateanu (número 9 de 1978); el autor sostiene, entre otras cosas, que la responsabilidad del asesinado del historiador rumano Nicolae Iorga pertenece a la Gestapo alemán que, utilizando elementos legionarios periféricos, quiso pagar de esa manera los ataques del profesor en el artículo publicado a la desmembración de Checoslovaquia y titulado “Los puercos motorizados”. Otro artículo fue escrito por Zahu Pana: “La muerte miorítica” (número 151, nov. De 1988, p.4-5).
Entre los programas de radio del Movimiento legionario se puede señalar el puesto de radio “Alerta”
Traian Golea escribe: “En Madrid, la Falange tenía este puesto “Alerta” que emitía en ondas cortas. El movimiento obtuvo el permiso por parte de Falange para emitir a diario un programa de 20 minutos sobre Rumania. Para ello se necesitaba a alguien que se ocupara de la redacción de las noticias. Para esa tarea, en abril de 1957 me llamaron a Madrid. El Comandante tenía un comentario a diario, que se lo leía sólo. Georgel Demetrescu tenía a veces también su comentario, o sino, le preparaba yo mismo un tema para que lo desarrolle en un breve comentario. Además, tenía que llenar el resto del tiempo con algunas noticias, leídas por Georgel Demetrescu, que tenía una voz agradable de barítono. La emisión del programa duró hasta Diciembre de 1957, cuando la Falange, bajo la presión del gobierno, estuvo obligada a retirarnos el permiso. A su vez, el gobierno español estuvo también presionado, bajo la amenaza de sanciones económicas, por el gobierno americano, que le pedía prohibir estos programas emitidos hacia Rumania. España era nacionalista, y, por tanto, no estaba controlada por las fuerzas “demócratas” del resto del mundo occidental. Esas fuerzas, pues, decidieron que en el mundo dominado por el comunismo no debían penetrar noticias portadoras de un espíritu distinto del de las “democracias occidentales”. Ésas no combatían el comunismo, sino que promovían una política de coexistencia entre los dos mundos. “ (Traian Golea, la Colección “Omul Nou” (Hombre nuevo), 1997).
Otras revistas publicadas en la época fueron: “Límites”; “Estaciones” – Anotimpuri. Entre 1951-1960, Horia Stamatu redacta en Madrid las revistas “La libertad Rumana” y “El Hecho” (Fapta). En 1967, Aurel Rauta organiza el Congreso de la Asociación Académica Rumana de Salamanca.
Además, durante los mismos años, el Comandante Horia Sima se convierte en un prolífico autor de textos con carácter legionario. Sus publicaciones se harán tanto en español como en rumano y serán editadas por editoriales como “Dacia”, “Fuerza Nueva” o revistas como “El País y el Exilio”. Entre sus escritos mencionamos el libro “¿Qué es el comunismo?”, publicado por la Editorial El hombre nuevo de Salamanca, en 1949 o “La misión del nacionalismo”, publicado por la editorial de la Asociación Cultural Hispano-Rumana, en Salamanca. En el año 1963 Horia Sima publica un artículo sobre “La prensa Legionaria en el exilio” en la revista “Sentinela” (Centinela) que dirigía Traian Golea. En el artículo hace un repaso de toda la prensa legionaria que apareció hasta 1963 en toda la Europa occidental: la revista “Dacia” publicada en París en 1945, y más tarde “Dacia Serie Nueva”, que tenía como redactor a Faust Bradescu; el Boletín de Información de Austria: “Rojo-Amarillo y Azul” (los colores de la bandera rumana), publicado a partir de 1948, que continúa con la publicación “Vestitorul” (el Mensajero), dirigida por el capitán Ion Emilian, y que se edita en Salzburgo. En 1954 aparece la gaceta “El Exilio Rumano”. Sima recuerda las revistas Carpatii, Apuntes (que aparece en Buenos Aires en 1953.
Si intentamos echar una mirada retrospectiva sobre la prensa legionaria en el exilio podemos observar la aparición irregular de la misma. Algunas vivieron un poco más, algunas se desaparecieron siendo reemplazadas con otras que tampoco tuvieron éxito. Esto tiene una explicación. Con la gente dispersa por todos los rincones del mundo no se puede asegurar una larga duración de una publicación.
Continuidad y cambio. Actividades de los exiliados en España en el marco de los intentos de acercamiento Este-Oeste
Tal como afirmamos a lo largo de la introducción, el exilio rumano, resultado de la ocupación soviética del país y de su transformación en una colonia gravemente explotada, fue siempre una obsesión enfermiza de los dirigentes comunistas de Rumania.
Entre los diferentes métodos aplicados: infiltración, desmoralización mediante desinformación, atracción en la trampa de la repatriación, compromiso, chantaje, el más espectacular método fue la tentativa de repatriación de los exiliados.
El 13 de septiembre de 1955, el periódico Le Monde escribía: “La Unión Soviética tomó esta iniciativa. Fundó en la ciudad de Berlín Este un Comité para la repatriación, cuyo presidente es general FN. Mikhailov. La dirección de este Comité es: Berlín Este, 65, Behrenstrasse N. W.I.”.
Tras varios meses de propaganda activa, ejercitada en Europa y América, los refugiados y desplazados rusos, georgianos, armenios, ucranianos, lituanos, húngaros, rumanos, checoslovacos, eran rogados que volvieran a sus países. Se les decía: “Olvidad el pasado, volved a casa, dejad de llorar a partir de ahora, la alegría del regreso está a vuestro alcance”.
En Rumania, el 24 de junio de 1955, la Gran Asamblea Nacional de la República Popular, dictó un Decreto para facilitar la repatriación de los desplazados rumanos.
El eco de este Decreto no fue muy sonado, dado que volvieron muy pocos desplazados a casa. No regresó ningún desplazado afincado en España. En el periódico Glasul Patriei (La Voz de la Patria), publicado en Alemania (Berlín), el número del 29 de septiembre de 1956, en la rúbrica “El Correo de los Repatriados” (Curierul Repatriatilor), se anunciaba nominalizando el regreso a Rumania de algunos repatriados: 16 de Austria, 2 de Inglaterra, 18 de la República Federal Alemana y 1 de Uruguay. Todos eran sajones y magiares.
Ante el levantamiento del aciago Telón de Acero se instalaron en España tal como venimos señalando, hispanistas rumanos que, deslumbrados por el origen común de los dos pueblos y por la cercana sonoridad de los idiomas, se asentaron definitivamente en España, y decidieron trabajar y dedicar su obra a la cultura, y al conocimiento de Rumania en España. Adoptaron el castellano y escribieron obras de real valor cultural y humanístico. Será éste, un periodo de continuidad y cambio.
George Uscatescu, humanista e hispanista de origen rumano, fue profesor en las Universidades de Barcelona, y Complutense de Madrid, donde tuvo el cargo de Director del Departamento de Estética y Arte. Asimismo, fue presidente de la Sociedad Íbero-Americana, y por su obra recibió el Premio Nacional de Literatura Menéndez Pelayo en 1970. Publicó más de cien volúmenes y miles de estudios y artículos en Europa y en Estados Unidos, tratando temas de filosofía, estética, crítica literaria y de arte, teoría política. Entre sus obras más conocidas y valiosas, se encuentra: Rumania, pueblo historia, cultura, el primer libro completo sobre Rumania, publicado en la editorial Madrid de 1955. Uscatescu tuvo, asimismo, una gran actividad poética. Su lírica desvela un repertorio estético en el cual sueñan los ecos de una experiencia poética de hondos tormentos.
Otro exiliado importante fue Vintila Horia. En los años de antes de la Segunda Guerra Mundial, Vintila Horia formaba parte de una generación que deseaba crear y contribuir a la construcción de una nueva cultura, que legitimara el pasado glorioso de su país. En 1937, Horia se encontraba junto a Mircea Eliade, Horia Stamatu, Constantin Noica y otros, que constituían el grupo literario que trabajaba para la revista “Vremea” (El Tiempo), grupo formado por jóvenes talentos literarios.
Hasta la edad de 25 años consiguió publicar en Rumania tres libros de poesía: “Procesiuni”, 1937; “Cartea cu duhuri”, 1939; “Cartea omului singur”, 1949 y también una novela: “Acolo si stelele ard”, 1942.
Según el historiador rumano, Aurel Sergiu Marinescu, “... es el mérito del régimen de antes de la Segunda Guerra Mundial, y también el mérito de Antonescu, por haber nombrado y mantenido en el extranjero, como agregados culturales y de prensa, una parte de estos jóvenes, ofreciéndoles de esta manera la posibilidad de salvación y afirmación, pues casi todos llegaron a conocer el éxito en el exilio. En aquellos años, fueron enviados Mircea Eliade a Londres y Lisboa, Vintila Horia a Roma (en 1940) y luego a Viena, Aron Cotrus a Madrid. Después del 23 de agosto, Vintila Horia fue internado por el régimen nazi en un campo de concentración. En 1945 fue liberado por los ingleses, pero rechazó volver a Rumania donde, se había instalado la ocupación soviético-comunista. Horia se afinca en Italia, donde se queda hasta 1948 y donde conoce a Giovanni Papini. En 1948 emigra a Argentina donde se queda 5 años como profesor de Universidad en Buenos Aires. En 1953 se establece en Madrid y enseña literatura universal en las Universidades españolas. El exilio español del escritor comienza, pues, cuando llega desde Argentina (país cuyo clima soporta mal). En Madrid, además del puesto de catedrático de literatura comparada fue fundador de la colección “Punto Omega” (libro de bolsillo), colaborador permanente del periódico ABC, de “Semana”, “Cuadernos Hispano-Americanos”, “Crítica”, y de las revistas: “Les nouvelles littéraires”, “Le spectacle du monde”, “Ecrits de París”, “Il tempo”, “Intervento”, “Roma”, así como a otras revistas y publicaciones de España, Francia, Italia y del exilio rumano.
Las obras que le hicieron más famoso fueron sobre todo sus novelas. La primera fue publicada en París, “Dios nació en el exilio”, en 1960. Esta novela, escrita directamente en francés le llevó a recibir el premio Goncourt, mientras que el tema (el exilio como iniciación) le supuso las tristes consecuencias, debido a las actuaciones de la Embajada de RPR en París y de algunos agentes culturales del KGB. Su efecto, no obstante, fue el menos esperado. El libro fue traducido a 14 idiomas.
La producción en español del escritor Vintila Horia, es asimismo importante. Se trata de una obra ensayística, de crítica literaria y filosófica de la cultura, pero también de análisis históricos. Señalamos: “La presencia del mito” (1956); “Poesía y libertad” (1957); “España y otros mundos” (1970), “El oficio de novelista” (1972); “Introducción a la literatura del siglo XX” (1976). En España, también publicó novelas: “El hombre de las nieblas” (1970); “Viaje a San Marcos”, 1972; “Marta o la segunda guerra mundial”, 1980; “Entierro en el cielo”, 1987.
En toda su obra, Horia aborda temas mediante los cuales ataca las carencias de la vida política de la Rumania de antes de la guerra – el estraperlo, la corrupción, el nepotismo – que llevaron al país a los desastres posteriores. A partir de 25 de marzo de 1953, Horia pasa a formar parte como miembro del Consejo Ejecutivo de la Liga de los Rumanos Libres. Por todo está considerado como uno de los más grandes humanistas contemporáneos, su obra teniendo como eje central al Hombre con mayúscula.
Como cualquier rumano desarraigado, Vintila Horia no encontró durante mucho tiempo su lugar en el mundo. Con lo cual, lo encontramos en Roma, o en Florencia o Assisi, luego en Argentina, de donde vuelve a Europa, primero a París, y luego a Madrid, más concretamente en Villalba. Rechazó colaborar con el aparato de la Securitate rumana y después de la concesión del Goncourt, fue declarado legionario, antisemita, fascista, en la primera página de L`Humanité, y durante el mismo día, todas las paredes de su barrio de París se llenaron de carteles con esta primera página, donde aparecía arriba la palabra WANTED.
Horia falleció en 1992 en Madrid. Actualmente, su obra se publica poco en Rumania. Asimismo, no recibió ningún reconocimiento académico en la Rumania post-comunista. Ni premio post-mortem de la Academia, ni otro tipo de premios, y tampoco su obra forma parte de la literatura rumana, a pesar de ser conocida en dos continentes, Europa, América Latina, y en cuatro países: España, Italia, Francia y Argentina.
La influencia de la policía política secreta en las actividades de los exiliados. Falsos exiliados.
A partir de finales de la década de los 70 y hasta 1989, el exilio rumano cobra tintes muy especiales. Asistimos a un hecho sin precedentes, sólo comparable con los periodos de la esclavitud: rumanos vendiendo rumanos por cantidades inmensas de dólares. (Memoria exilului românesc, Rumania Literaria, 2002).
A finales de los años 1970 y el comienzo de los 80, como consecuencia de los Acuerdos de Helsinki, el proceso de emigración conoce en Rumania una mutación importante. Es en estos años cuando el exilio vive su metamorfosis. Como bien es sabido, los exilios aumentan a medida que en sus países de origen aparece la disidencia, formada de los que habían comprendido el provecho táctico y moral que podía resultar de las declaraciones sobre “los derechos humanos” firmados en Helsinki. Estos Acuerdos, lamentados en un primer momento por los exiliados como una confirmación del reparto de Europa, se convierten en la principal arma en las luchas llevadas a cabo en el Este.
A partir del final de los setenta, los ciudadanos rumanos de origen rumano o “est-europeo” pueden solicitar de manera legal la emigración invocando el derecho elemental de vivir junto a los demás miembros de la familia que vivían en el extranjero, o en el caso de aquellos cuyas familias habían atravesado la experiencia negra de los arrestos y condenas, el mero derecho de volver a empezar en otro país.
Exiliados y falsos exiliados. InfiltradosPara muchos lectores, y sobre todo, para los lectores extranjeros de la Europa Occidental, las acciones de allende las fronteras de Rumania de la Securitate – que llevaba el nombre ingenuo de la Dirección de Informaciones Externas (DIE), - puede formar parte del género fantástico. Lo más grave fue que DIE, además de las misiones específicas de espionaje y contraespionaje, tuvo, asimismo, otras actividades de policía política en el exilio rumano, ocupándose, especialmente de perseguir la oposición política de todos los refugiados y desplazados políticos. DIE empleó para ello, medios como: provocaciones, infiltraciones en las organizaciones anticomunistas, intimidaciones, desinformaciones para la fabricación de falsas informaciones, agencias de influencia, trabajo clandestino, chantajes, y en casos “especiales” secuestros, acciones violentas, palizas, envío de paquetes postales que contenían bombas, etc. Estas actividades, nada necesarias y muy costosas, tienen su origen en la influencia soviética ejercitada sobre Rumania a lo largo de los años, mediante los consejeros soviéticos. A su vez, el servicio soviético militar – caso único en la historia – es un producto específico ruso, con 400 años de antigüedad, que durante el periodo del zarismo se perfeccionó continuamente.
El exilio rumano fue controlado continuamente. Sus manifestaciones fueron registradas y fotografiadas; su correspondencia con el país censurada y abierta, sus llamadas telefónicas a Rumania escuchadas. El exilio fue manipulado, desinformado, desavenido por los agentes infiltrados que diseminaron desconfianza y suspicacia entre las personas. El exilio rumano fue tentado con viajes gratis en el país, becas, hospitalizaciones y tratamientos, y al mismo tiempo fue aterrorizado y amenazado por teléfono y cartas anónimas. También fueron creados, todo tipo de periódicos financiados por DIE que tenían como fin comprometer, confundir y chantajear al exilio. Tales periódicos son: “Glasul Patriei” – La Voz de la Patria; “Tribuna Romaniei” o “Dreptatea” - La Justicia.
“Los analistas rumanos dividen los exiliados en dos grandes categorías: aventureros y refugiados políticos. (Aspectos sociales, políticos y económicos, Libertatea, NY, Anul V, 1986). Los llamados aventureros no son peligrosos para el régimen de Ceausescu, siendo ellos fácilmente abordables por dinero. Los refugiados políticos son sea anticomunistas sea agentes comunistas con la misión política de hacer propaganda comunista de aniquilar la oposición y preparar la V columna. Estos son los infiltrados comunistas, cuya actividad empieza, de hecho, en Rumania.
Como veremos, es muy difícil a partir de los 70, saber quiénes eran los verdaderos exiliados y quiénes los falsos. Además, muchos de los exiliados se convirtieron en “falsos exiliados”, al aceptar colaborar con la policía política Securitate. Es éste el periodo en el cual, los exiliados rumanos en España buscan caminos individuales. Algunos por miedo, por supuesto.
El caso de la profesora Ana Maria Diaconescu es especial, y ejemplar, puesto que en aquellos tiempos inciertos para el exilio rumano perseguido por la policía secreta por todo el mundo, consiguió convertir sus sueños en realidad. Creó por primera vez con carácter oficial, una cátedra de rumano en la Escuela Oficial de Idiomas (en el año 1978) que funciona con éxito hasta la actualidad. Existen, asimismo, otros casos de exiliados rumanos que realizaron su actividad en solitario. Es el caso de la hispanista Ioana Zlotescu Simatu, especialista en la obra de Ramón Gómez de la Serna, profesora de periodismo en la Universidad Complutense, actualmente directora del Instituto Cervantes en Bucarest, o la profesora Eugenia Popeanga, también profesora de románicas en la Facultad de Filología, de la Universidad Complutense.
¿Quiénes eran los infiltrados? Ellos se reclutaban entre los representantes diplomáticos, comerciales, científicos, profesores, gente de cultura, deportistas, artistas e incluso gente del ámbito religioso, de la Iglesia. Todas estas personas recibían un grado militar, un suplemento de salario no imponible, pagado en secreto. No tenían acceso a las sedes de la Seguridad o, en el extranjero, a las sedes de las oficinas diplomáticas; estaban instruidas en casas conspiradoras, de manera individual. Por motivos que pertenecían al mantenimiento del secreto “los oficiales y los agentes plenamente conspirados” eran conocidos solamente por los oficiales a los que se vinculaban y por los jefes de éstos. En el extranjero no eran entregados a las embajadas o consulados; el contacto con ellos se mantenía por la central mediante unos medios de vinculación impersonales.
Hay intentos fracasados de organizaciones y asociaciones. Se crea, sin éxito una “Escuela Poética Rumana en Madrid”, que tiene como promotores a Mircea Alexandru, Horia Stamatu, Vintila Horia. En 1983 se crea también sin éxito una Asociación religiosa “Comunión y Solidaridad” que tenía como fin promover los derechos humanos en Rumania. Entre sus miembros mencionamos a Gregorian Alexandru, Vintila Horia, Mircea Alexandru, Aurel Rauta. Pero era una lucha contra los molinos del viento, puesto que, por otra parte, en la década de los sesenta se creó la Asociación Rumania que reemplazó el Comité de repatriación y que utilizó técnicas diversas para ganar de su parte a los exiliados. Junto a esta Asociación, la Seguridad externa empleó una amplia gama de métodos en su actividad, aprovechándose del clima de deshielo tomado en cuenta seriamente por las naciones occidentales, civilizadas después de 1965.
Ya a 1 de julio de 1972, BIRE (el Boletín Internacional de los Rumanos en el Exilio) nº 559 informó que la Asociación Romania tendría la sede en el Occidente en los edificios de la FUNDACIÓN DE IOSIF CONSTANTIN DRAGAN (en España, con sedes en Madrid y Palma de Mallorca). Durante aquellas semanas los representantes de la Securitate” estaban buscando “refugiados” que figuraran en el Occidente como colaboradores de la asociación Romania. La asociación declaró su fin: “Que los rumanos de los países de adopción conozcan las realizaciones de la RSR y que contribuyan al estrechamiento de los vínculos entre la RSR y los países donde viven.” El comité directivo de esta asociación había sido nombrado por el PCR y comprendía entre otros al historiador C. Giurescu y Aurel Bozgan (el último, a partir de 1989, llega a ser vicepresidente del PNL – Campeanu), Valentin Lipatti, conocido bajo el nombre de Valentin Leonte, antiguo agente DIE, había trabajado casi toda su vida como Embajador en el MAE, burgués, hermano del pianista Dinu Lipatti. Había sido mantenido en el DIE gracias a su dedicación al comunismo y a su talento para la diplomacia, a su perfecto francés y a su comprensión del Occidente (Pacepa, 1992).
La Asociación Cultural Rumania editó un periódico con el nombre de “Tribuna Romaniei”. El periódico “Tribuna Romaniei” apareció el 15 de noviembre de 1972; su aparición fue anunciada en la Radio Bucarest. En el exilio, su nacimiento fue anunciado mediante BIRE nº 566 del 1 de diciembre de 1972. El mismo Boletín de Información de los Rumanos del Exilio (redactor René Theo) en su número 574 del 16 de mayo de 1973, anunció que, en cuatro meses, el periódico salió en todos los países del mundo libre, por tanto, también en España (se hizo en marzo de 1973).
En España tuvo una aparición bimensual – el 1 y el 15 de cada mes – tuvo 16 páginas, de las que, con regularidad la página 10 se editaba en inglés y la 14 en alemán. En Rumania fue prohibida su aparición, siendo su destino los rumanos que vivían fuera.
Según Monica Lovinescu (Exiliada rumana en París), Dragan era un falso intelectual. La simbiosis entre fascismo y comunismo era perfecta, mientras que su personaje parecía creado para la corte de Ceausescu. En el “exilio” había fracasado su papel, pues, en 1965 había intentado creado sin éxito un “Club de los Intelectuales”. (Lovinescu, 2001). Actualmente (2005) Dragan llegó a ser el más rico ciudadano rumano, ascendiendo su fortuna a 800 millones dólares.
Según la misma exiliada, George Uscatescu, exiliado rumano en Madrid, cayó, asimismo, en las redes de la securitate. Después de publicar en “Amfiteatru” un texto sobre Eminescu, la mayor parte de los colaboradores de su revista “Destino”, rompieron las relaciones con él. A finales de los 60 volvió de una visita “clandestina” en Rumania. Nunca reconocía las visitas que hacia allí. (Lovinescu, op.cit).
La conclusión resulta clara. El poder comunista de Bucarest partía de la premisa absurda que, para ser patriota, el rumano de todo el mundo tiene que sostener el régimen comunista que se confunde con el país. La crítica del régimen es lo mismo que la crítica del país. Su fin es, no obstante, la desintegración del exilio, la destrucción de cualquier posibilidad de obtener alguna alternativa. Las armas utilizadas fueron, como señalamos, las ventajas materiales, los honores, el reconocimiento moral, el reagrupamiento familiar, amenazas y chantajes.
Es más, a todo esto, se añadió la implicación de la Iglesia Ortodoxa que tuvo el papel de desintegrador de la comunidad rumana.
Con todo, tres fueron los factores que tenían la obligación de accionar con eficacia en la organización de la oposición anticomunista de después de la guerra: El Rey Miguel I, los miembros de los partidos políticos y la Iglesia Ortodoxa Rumana. Estos tres factores, en vez de entender los acontecimientos históricos, el momento político, el terror vivido por los que se quedaron en el país, continuaron en el exilio a hacer el juego de los comunistas, manteniendo entre sí el estado de fricción, la lucha por el poder perdido. El orientalismo manifestado en la vida política de Rumania de la época de anteguerra y durante la guerra, continuó en el exilio. Se volvieron a crear partidos, comités, uniones, consejos. Y todo esto contribuyó a la perdida de tiempo a favor del régimen comunista.
Por su incapacidad política permitieron la infiltración de los comunistas entre los exiliados. Los checos pusieron de manifiesto la definición de la oposición, después de la guerra, culminando con la Primavera de Praga. Los húngaros también. La Solidaridad de Polonia también. En Rumania no ocurrió esto. Según Stefan Poenaru, autor del artículo, “mediante su inactividad durante cuatro décadas, el Rey Miguel abdicó de lo que representaba para Rumania: el símbolo de la Rumania libre.” El autor lo considera culpable por no haber hecho oposición anticomunista.
BIBILIOGRAFÍA:
Libros:
Dumitrescu, V. “O istorie a exilului romanesc: 1944-1989”. Ed. Victor Frunza, Bucuresti, 1997.
Eiroa, M., “Las relaciones de Franco con Europa Centro-Oriental (1939-1955) Ed. Ariel Historia, Barcelona, 2001.
Eliade, M. “Memorii: 1907-1960” Ed. Humanitas, Bucuresti, 1997.
Lovinescu, M. “La apa Vavilonului 2; 1960-1980” Ed. Humanitas, Bucuresti, 2001.
Manolescu, Florin: La enciclopedia del exilio literario rumano: 1945-1989. Adevarul Literar, nº 647, 2002. La revista “Carpatii” publicada en España.
Marinescu, Aurel Sergiu. “O contributie la istoria exilului românesc” – Ed.Vremea, 1999, 2000, 2002. 3 Tomos.
Pacepa, Ion: “Orizonturi rosii”. Ed. Humanitas, Bucuresti, 1991.
Vintila, Horia: “Consideraciones sobre un mundo peor” Ed. Plaza y Janés, Barcelona, 1978.
Archivos, documentos, revistas, periódicos rumanos:
Los Archivos del Servicio Rumano de Informaciones, Fondo Documental:
Buletinul Calea de Lumina (La Calle de la luz) año IV, nº. 35, marzo de 1997. Documentos sobre la organización de la emigración rumana.
Enciclopedia exilului literar romanesc 1945-1989. Florin Manolescu, Adevarul Cultural, 647.
Documentos franceses sobre el comienzo de la organización del exilio rumano (Valeriu Florin Dobrinescu, Ion Patroiu). Vremea, Bucuresti, 2003.
Libertatea. Revista publicada en EEUU, 1986.
Jurnalul national: Europa Libera. Asasinate la comanda:
www.jurnalul.ro
Memoria – revista gindirii arestate.
www.memoria.ro
Miscarea Europeana: Sectiunea romana.
http://meuro.org.ro
Romana Literara, 2002

3 Comments:

Blogger garikoitz said...

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Anonymous Anónimo said...

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Blogger garikoitz said...

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